Hace como dos meses empecé con esto de hacer música usando inteligencia artificial. Todo empezó con una letra que escribió mi esposa; a mí me pareció muy bonita y pensé que sería bueno que tuviera música. Busqué alguna aplicación que lo hiciera y me encontré con SUNO. Hice una prueba con la versión gratis y el resultado me pareció excelente después de algunos cuantos intentos.
Después de eso decidí hacer más pruebas. Para ello busqué unos poemas de un amigo que había fallecido hace relativamente poco. Sus poemas tienen un aire de nostalgia y decidí probar poniéndoles música de Nueva Trova. El resultado fue, en mi opinión, muy bueno.
¡Ya estaba enganchado!
Siempre me ha gustado la música. Alguna vez intenté aprender piano, pero hay que reconocer que no era lo mío. Pero siempre he tenido “envidia” por aquellos que sí tienen talento para crear música. Así que eso de ahora yo poder hacer música fue algo muy atractivo para mí.
Pero algo no me parecía.
Es decir, sé que hacer música requiere esfuerzo, pero ahora… se ha “democratizado” el privilegio de crearla. Lo cual es bueno, pero también tiene su lado negativo. El hacer música quedaba reservado para los que habían puesto empeño en aprender, es decir, que les importa lo suficiente para desarrollar la capacidad. Pero ahora todos pueden hacerla, incluso aquellos a los que no les importa, o les importa poco.
Creo que los músicos en su mismo esfuerzo han desarrollado buen gusto musical (aunque no todos, hay que decirlo). Pero ahora pueden hacer música aquellos que tienen gusto pobre o nulo. Para ellos es lo mismo una buena pieza que una mala. Lo mismo es Mozart que Salieri. Beethoven que Chico Che.
¿Qué se puede esperar de alguien que no tiene gusto musical, pero que puede hacer música? La respuesta duele: basura.
Pero esto ya lo hemos vivido de manos de la tecnología. Creo que el primer arte que sucumbió fue la fotografía. Hoy día se generan muchas más fotos, pero la calidad... la calidad ha muerto por exceso.
Antes, el fotógrafo tenía que saber de composición, de luz, de técnica. Cada foto costaba dinero y tiempo, así que solo disparabas cuando algo valía la pena. Hoy, con los celulares, todos son "fotógrafos". Inundamos el mundo con imágenes mediocres, selfies vacías y fotos de comida que a nadie le importan. La tecnología nos permitió tomar fotos a todos, pero nos quitó el criterio para saber qué es una buena fotografía.
Con la música está pasando lo mismo. La IA es una herramienta increíble, no lo niego; me permitió darle vida a los versos de mi amigo. Pero el costo es alto: estamos abriendo las puertas de la creación a una horda de gente que no ama la música, que no la entiende y que, simplemente, va a llenar el mundo de ruido.
Al final, si todos podemos ser artistas sin mover un dedo, el arte deja de ser algo especial para convertirse en una mercancía barata de usar y tirar.
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